Por Waldo Montecinos, Director Carrera Ingeniería Civil Facultad de Ingeniería UNAB
Cada cierto tiempo una noticia relacionada con sismos nos conmociona. Frente a esto la reflexiones de rigor que surgen son ¿Está la ciudad preparada para resistirlos?, ¿Qué pasaría en Santiago si sucediera un evento de este tipo?
Lo cierto, es que hasta ahora la ciencia todavía no puede predecir cuándo se producirá un sismo, por lo que nuestras ciudades siempre estarán expuestas al riesgo de sufrir un movimiento telúrico en cualquier momento.
Chile se encuentra en una zona de gran actividad sísmica. El último cataclismo de gran magnitud que nos permitió observar el comportamiento de grande centros poblados, como Santiago y Valparaíso, sucedió en 1985. En esa ocasión, el comportamiento de las estructuras fue satisfactorio, y no se produjo daños de consideración en ellas y registrando un número de víctimas fatales muy inferior al de otras ciudades del mundo sometidas a eventos de similar magnitud.
Desde aquel terremoto del año 1985, y hasta la fecha, se han implementado mejoras para disminuir los riesgos estructurales en edificios. Es así como la normativa sísmica que regula el diseño de edificios (NCh 433) fue mejorada, se oficializó la norma de diseño para estructuras aisladas (NCh 2745) y se estableció el registro de revisores de proyectos de cálculo estructural.
Diseños Estructurales Ad-Hoc
La dinámica poblacional de las ciudades y el mercado implica requerimientos de nueva infraestructura, con innovaciones arquitectónicas y de espacio que no han sido las tradicionales, un ejemplo de ello son las grandes plantas libres en los edificios de oficinas. En consecuencia, los diseños han sufrido una mutación hacia diseños estructurales no utilizados tradicionalmente en el país, los cuales teóricamente responden a nuestra realidad telúrica.
Cabe señalar, en lo que se refiere al desempeño de las estructuras, la experiencia chilena es mucho más satisfactoria que la norteamericana, esto en gran medida debido a que nuestros sismos tienen un potencial destructivo menor, lo que se suma a estructuraciones tradicionalmente utilizadas en Chile de carácter más conservador.
En términos generales si se han aplicado buenas prácticas en el diseño y construcción de las edificaciones, debería esperarse un buen comportamiento de ellas. Considerando esta hipótesis, debemos enfocarnos en temas puntuales que tienen riesgos implícitos. Por ejemplo, asociado a la vivienda social y a la autoconstrucción no regulada, es posible observar en los sectores periféricos de la ciudad malas prácticas de ampliación de espacios en la vivienda, recintos colgantes o apoyados precariamente en perfiles metálicos esbeltos. Estos generan puntos de riesgo significativo, los cuales no han sido diseñados ni construidos con criterios estructurales. En este caso la recomendación es clara.
En términos opuestos al caso anterior, respecto al diseño estructural, se encuentran los grandes edificios, localizados en centros financieros y de oficinas, los cuales no deberían tener un riesgo estructural asociado, pero que si presentan riesgos producto de elementos arquitectónicos que han caracterizado los diseños contemporáneos, como por ejemplo las fachadas vidriadas o muros cortina, los cuales en caso de un sismo representan el punto más frágil del edificio.
La tarea es seguir trabajando en universidades y centros de investigación para comprender cómo operan los sismos, verificando teorías y modelos en laboratorios especializados, testeando diferentes diseños de estructuras y sus comportamientos.
El propósito es comprender mejor este fenómeno y estar preparados de mejor manera para el siguiente evento, no sólo para que nuestras estructuras respondan sin problemas mayores, sino para asegurar que las ciudades puedan seguir funcionando y logren enfrentar la emergencia de manera efectiva.